Ah… se me olvidaba… hoy he perdido mi gorro, pero se puede decir que me he reencontrado con una vieja compañera de clase. Lo de “se puede decir” lo digo porque en realidad todavía no nos hemos encontrado, pero hoy he sabido con seguridad que eso sucederá (aunque en el fondo siempre lo había sabido), y me ha hecho mucha ilusión. Fuimos compañeras de mesa en el instituto. Se puede decir que era mi “rival” literaria. Cuando ella no ganaba el típico premio anual de relato o de poesía, lo ganaba yo. Fuera del instituto yo diría que sólo nos vimos un par de veces. Luego las dos estudiamos periodismo, en distintos grupos. Aunque no se puede decir que fuéramos realmente amigas, yo sabía que ella era la única persona a la que le podría pedir el favor más estrambótico del mundo sin que me juzgara o me pidiera explicaciones (de hecho me hizo un favor estrambótico que aquí no cuento).
Hará unos 8 años que no la veo. De vez en cuando me acuerdo de ella. Hace un par de años me dio por buscar su nombre en Google (sí, yo hago estas cosas) y supe así que vivía en Namibia, por lo visto tenía un cargo importante en alguna organización allí. La semana pasada volví a acordarme de ella. Me preguntaba qué sería de su vida. Volví a buscar en Google y no encontré nada nuevo, tampoco un mail o una forma de comunicarme con ella.
Hoy he ido a una reunión de trabajo a un pueblo de la campiña vasca. Una amiga mía que está a punto de irse a Edimburgo con una beca de cooperación, vive en este pueblo. La he llamado pero no me contestaba. He llamado a A., pero tampoco me respondía. Entonces he decidido ir a Bilbao con una compañera de trabajo que salía entonces. Me ha dicho: “corre, que si no, perdemos el bus de ‘y cuarto’”. Corriendo hemos cogido el bus. Nada más entrar, me veo allí sentada a la amiga que se va a Edimburgo… iba a otro pueblo para encontrarse con A.. Ha sido genial. Charlando ya las tres en una cafetería, A. le ha dicho a esta amiga “deberías hablar con la compañera de piso de una amiga mía de Madrid, que es una chica que ha trabajado en la ONU mucho tiempo, y que acaba de volver de Namibia”. Yo he dicho: “¿Namibia? ¿No será Tal Talapellido?”. Y ella: “¡¡¡Sí!!!”. Y yo con sonrisa de oreja a oreja, pensando, “lo sabía, sabía que nos reencontraríamos antes o después”.