Archivos de la categoría ‘vida rara’

Primeras veces

Enero 12, 2007

Leo en el blog de Acuarelacool una cita de Kate Millet (autora de cuya existencia yo ni siquiera sabía hasta este momento) que dice así:

Jamás había sido besada por una mujer, con fuerza, a fondo, completamente, como por un hombre [...] tuve esta revelación igual que se penetra en una sala misteriosa, cuando me arrastró allí donde imaginaba no poder soportar más el dolor y luego más lejos aún, allí donde no había dolor en absoluto.

Y esto me ha traído a la memoria una pequeña “nostalgia literaria”* que escribí no hace tanto:

Había besado unas pocas veces antes, a algunos hombres, a algunas mujeres, pero si lo pienso bien, ella fue la primera a la que besé. A la que besé de verdad. Desde dentro y con todo el cuerpo. Era todo tan intenso que tenerla tan cerca me mareaba, por eso tenía que cerrar los ojos para besarla, para no caerme. Y ella se reía desnuda sobre mí, sobre el sofá, hablando de besos y ojos cerrados.

*Jugando a las muñecas rusas con el diccionario:

nostalgia.
(Del gr. νόστος, regreso, y -algia).
1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.
2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

literario, ria.
(Del lat. litterarĭus).
1. adj. Perteneciente o relativo a la literatura.

literatura.
(Del lat. litteratūra).
1. f. Arte que emplea como medio de expresión una lengua.

arte.
(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη).
2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Es sólo que soy humana

Enero 1, 2007

Le conté a mi madre que había salido con una chica y le hice un pequeño resumen. Mi madre sólo dijo: “claro, es que tú siempre has sido muy independiente y siempre has hecho lo que te ha dado la gana”. Hoy mi hermano, a cuenta de otro tema, me ha dicho como dándome por pérdida: “tú nunca tratas de corregir tus defectos, ¿no?”. También últimamente me han preguntado si soy una mujer de hielo, si lanzaré un salvavidas o me limitaré a sacar una foto cuando alguien se decida a atravesar el foso que he interpuesto entre el resto del mundo y yo.

Todo esto ha sucedido en el año en que precisamente me he dado cuenta de que soy humana. Porque yo antes vivía refugiada en mi mundo literario y de abstracciones. Porque a veces -hacia fuera- daba la impresión de moverme por encima del bien y del mal, y de que nada me afectaba. Porque siempre ponía una barrera y marcaba un límite preciso a cualquiera que intentara acercarse. Porque todo era capaz de racionalizarlo y diseccionarlo.

Y ahora no entiendo nada. Ahora me enfado, gruño y tengo malos pensamientos. Cometo faltas de ortografía e incluso digo tacos. He incorporado la expresión “me jode” a mi vocabulario (sí, lo creáis o no, jamás hasta ahora la había utilizado). Me dan arrebatos de celos inesperados y les amargo la noche al amigo y la amiga en cuestión (jamás, había sido celosa). Me asaltan momentos de curiosidad malsana. A ratos me siento culpable por todas estas cosas en las que no me reconozco. Entonces mis amigas me dicen: “no te sientas mal, dju, es sólo que eres humana…”; “Pues qué jodido” (pienso, pero no lo digo todavía, será que mi proceso de humanización es lento lento…).

Y ahora que tengo tanta pieza suelta, también se abren ventanitas con faroles encima, conversaciones hasta las tantas, canciones fugaces… A veces se me escapan sonrisas y deseos génericos de dar abrazos. Imagino tardes de películas malas y mimos en el sofá. Mis manos son pequeñitas y las piezas se caen a borbotones de ellas. Empieza un nuevo año, un nuevo puzzle al que todavía me cuesta un poco enfrentarme. Era más sencillo antes, cuando podía narrar la vida como una novela y sentirme como un personaje de libro. Esta sensación de ahora quizás sea sólo eso, que soy humana.

Palabras

Diciembre 27, 2006

Me pregunto si hay palabras grandes y palabras pequeñas. Si las palabras que yo creo grandes son en realidad pequeñas. “¿Una escritora que le tiene miedo a las palabras?”, me decía alguien una vez; “Sí”, respondía yo, “precisamente por sé de su importancia”.

No hace mucho, alguien que también trabaja con palabras, me decía que no son tan importantes. “Las palabras se las lleva el viento”, dice el refrán. Hay días en los que me gustaría creerlo.

pd: No, no me ha pasado nada, ni me han dicho nada, este post es sólo una reflexión suelta, es más, quizás sea sólo el principio de otra cosa

Círculos

Diciembre 19, 2006

A pesar de todo, de que en este 2006 han pasado cosas importantísimas en mi vida (un primer libro, una primera relación, una primera ruptura) tengo la sensación ahora de estar dando vueltas en círculos, y de estar exactamente ahora en el mismo lugar que antes de todo, antes incluso de ese primer blog que fue como una ventanita a un mundo para mí desconocido. Sé que no es así, pero es la sensación de este final de año. No sé, será la depresión pre-navideña (o el que ahora las nostalgias son menos abstractas).

Cosas que sólo pasan en las películas

Diciembre 13, 2006

En orden aleatorio, no necesariamente cronológico:

- Que se te acabe la batería del móvil en un autobús, la chica de al lado te preste el suyo, tengas una cita perfecta con ella unos días después y termine en tu cama otros días después.
- Que la chica de la que te has enamorado fulminantemente te confiese tiempo después que su familia es rica y que no quiso decírtelo antes para que no la vieras de forma distinta.
- Que a media tarde, tomando un té en su casa, una mujer impresionante se desnude delante de ti y te invite a ir a la ducha con ella.
- Que ella se vaya al otro lado del mundo pero al despedirse te ofrezca un palacete en Valladolid.
- Presentar tu primer libro y conocer a tu primera novia todo en el mismo fin de semana.
- Viajar a un país improbable y terminar enredada en una historia digna de peli de Almodóvar.
- Las mañanas en Granada, junto al lago y los volcanes. La amenaza del huracán Beta.
- Que no te dejen embarcar en un avión y no volverla a ver.
- Conocerla una tarde cualquiera en casa de unos amigos de unos amigos de unos amigos donde tú sólo ibas a recoger unos programas informáticos. Que le gustases. Que te preguntara si habías leído cierto libro y que ésa fuera la pregunta que tú siempre haces.

Editado para añadir más cosas sobre “ellos” (y no “ellas”):

- Intentar bailar un tango (con escaso éxito y muchas risas) con un italiano en un playa desierta en Uruguay. (aquí un guiño para Tano)
- Que un okupa alemán te proponga recorrer Europa de tren en tren con él.
- Que un poeta turco decida tras un sólo café que eres la mujer con la que siempre había soñado.
- Viajar de Londres a Nueva York para conocer a un poeta argentino. Que ése sea tu primer -y frustrado- intento de perder la virginidad.
- Que un mexicano planee llevarte a su rancho en Puebla, sólo porque contigo se ha reconciliado con el género femenino (sic).
- Conocer en un aeropuerto a un chico increíble. Pasar toda la noche hablando. Despedirnos con un beso y un abrazo en la puerta de embarque.


Ayer una amiga me decía que si no salgo por el ambiente es imposible que ligue o conozca a alguna chica interesante. Yo le decía que jamás he ligado en un bar. Ella dice que normal, si se pueden contar casi con los dedos de una mano las veces que he salido por ahí. Quiere apostar a que si salgo durante un mes todos los viernes y sábados seguro que ligo. Yo creo que va a perder la apuesta. La gente me suele decir que hay cosas que sólo pasan en las películas (incluso yo misma lo creo), pero dados mis antecedentes, ¿por qué no esperar que suceda cualquier cosa inesperada?

Meteoritos

Diciembre 12, 2006

No ha habido muchas chicas que se hayan fijado en mí. Sí unos cuantos chicos, pero a mí no me interesaban mucho (no así). Elen-ita de vez en cuando me dice: “no, dju, tu teoría del meteorito no es cierta”. “¿Qué teoría del meteorito?”; “Es que según tú, parece que si ella (lo pongo así en negrita en honor a Top) se fijó en ti, fue porque le cayó un meteorito en la cabeza que hizo que de manera incomprensible quisiera estar contigo”; “Bueno, no tanto como un meteorito, pero todavía no sé cómo pudo pasar”.

Elen-ita soñó que yo besaba a alguien. Otra amiga en otra punta de España también ha presentido lo mismo, me llamó para preguntarme si había pasado. No, no ha sucedido. No hace mucho dormí abrazada a una chica, eso sí. Fue bonito, aunque en realidad no dormí mucho. Luego cogimos un tren y yo me fui en un avión.

Elen-ita me dice: “tienes ganas de enamorarte”, y quiere que repita esa frase, pero yo no me atrevo, porque yo no sé si sabría enamorarme.

Dando vueltas

Diciembre 4, 2006

Yo soy una persona pequeñita. Resulta que sin saber muy bien lo que hacía, hice un libro. Lo hice porque creí que podía hacerlo. Junté en unas páginas a 34 personas y me escondí tras la selección y edición de esos textos. Todo eso lo hice en pijama en mi casa, tras la pantalla del ordenador.

Pero luego el libro cobra vida propia, y te pide que lo saques de paseo, y cuando los libros te piden algo, siempre hay que hacerles caso. De repente el libro se presenta en la FNAC (eso no fue mérito mío) y yo me siento pequeñita pequeñita, porque yo lo que quiero es estar en pijama en mi sofá, y mejor si estoy desnuda y si estoy abrazando a alguien.

El libro sigue dando vueltas, se hace mayor, se va de casa, y como cualquier hijo, te da muchas alegrías, pero también te da muchas preocupaciones y quebraderos de cabeza.

Decides que definitivamente el libro ya tiene su vida propia, independiente de ti, y lo despides en Casa del Libro. Y sigues siendo pequeñita pequeñita, porque tú sólo eres una editora en pijama, preguntándose todavía cómo es que sus padres están sentados ahí delante, cómo es que dos locas de Madrid y una de Barcelona han venido sólo a la presentación, cómo es que de un gorro de cascabeles se pasa a que haya alguien a tu lado en esa mesa.

En este año me han pasado tantas cosas, tan importantes, tan intensas, en tan poco tiempo, que todavía estoy temblando.

Hola mundo

Septiembre 3, 2006

Yo hace dos años era poco menos que una lesbiana ingenua y (no tan feliz) casi casi en fase 1 (salvo un par de “encontronazos” previos con mujeres imposibles). Ni era activista (ni se me pasaba por la cabeza serlo), ni salía por el ambiente (como soy de una timidez irreductible, me asustaba un poco-mucho), ni había pisado nunca una asociación, ni me sonaban las siglas LGTB, ni tenía amigas lesbianas (aunque una de mis mujeres imposibles sí conocía a un grupito), ni sabía de la existencia de Berkana, ni mucho menos me atrevía a entrar en Antinous, la única librería de cuya existencia sí sabía (un amigo gay me había informado). Estaba en la fase esa en la que te tienes que “armar de valor” para entrar en una librería, para acudir a un festival de cine gay o para ir a un recital de una poeta lesbiana.

Mi único acercamiento al mundo lésbico, de hecho, había sido comprar un libro de poemas en Soria y acudir a un recital de la autora en Bcn, tras el que le pedí permiso para publicar en mi revista uno de sus poemas. Tiempo después vi que daba otro recital en un bar de ambiente y que en ese acto se presentaría una nueva editorial. Estuve a punto de no ir, por cierto cabreo previo con el concepto “de mujeres”, y porque la amiga con la que iba a ir me había dado plantón, y porque yo estaba en casa de unos amigos tomando café y llegaba ya tarde, pero al final decidí ir. Si no hubiera ido, probablemente el libro no existiría ahora. Después de eso, pasó otro mucho tiempo sin saber de la editorial, pero al menos ya nos conocíamos, y ellas sabían quién era yo (la de la revista literaria).

Seguí haciendo mi vida “hetero”, me despedí de mi “ella” imposible, encontré a una mujer increíble (entonces lo era) en el lugar menos esperado, descubrí que todavía podía sentir muchas cosas que ya creía que no, abrí puertas que llevaban años cerradas, escribí muchas palabras en respuesta a unos folios amarillos, y me dejé atrapar por una historia literaria que prometía convertirse en un final feliz, real y palpable. Fue entonces cuando creé mi primer blog, ese blog tan familiar que ahora echo de menos, con sus cuatro comentaristas, cuatro interlocutores excepcionales que me convirtieron en mejor escritora de lo que fui nunca. Una personita sabia me regaló un gel de los abrazos que no tiene precio. Conocí en persona a unas cuantas lesbianas y descubrí que no me daban miedo (porque sí, tengo que confesar que hubo una época en las que “las lesbianas”, así en genérico, esas grandes desconocidas, producían en mí una extraña sensación de atracción y miedo).

Se me ocurrió que hacer un libro basado en los blogs para que las lesbianas dejáramos de ser unas grandes desconocidas, podría ser una buena idea. Se me ocurrió que un libro así, ameno, positivo, con historias cotidianas, podría ser un referente tanto para lesbianas en fase 1 (de donde acababa de salir yo), como para lesbianas que hubieran pasado por todas las fases, o que si la selección de textos era buena, podría interesar a cualquiera, independientemente de su género y condición sexual. Además, publicar los textos de Paola Vaggio, o los posts de Top, por ejemplo, era algo que veía necesario. Me acordé de aquella editorial que había conocido una vez, les comenté la idea y me puse en marcha.

Y el libro lo cambió todo. Casi recién salida de fase 1, yo estaba de repente invitada a una mesa redonda sobre blogs y lesbianas. O estaba reconociéndome públicamente como lesbiana en una entrevista. Mi nombre aparece en la portada de un libro que se vende en esas librerías a las que yo hace un año apenas me atrevía a entrar. En mitad de este vértigo, conocí a una mujer estupenda, con quien yo no sabía lo que iba a pasar, y a quien besaba pensando todavía con cierto asombro “la beso porque la quiero”. Asombroso y maravilloso. Le di más abrazos y besos de los que he dado en toda mi vida. Lo hacía asombrada, porque yo hasta entonces había sido una “mutilada sentimental” (que diría un amigo mío) incapaz de exteriorizar con gestos cualquier tipo de sentimiento. Yo antes no lloraba, no reía, no abrazaba…

En fin, todo eso ha pasado en dos años (quizás menos) y en dos semanas han pasado también muchas cosas que aquí no relato. Me siento ahora en mi galería de Soria, de vuelta en mi mundo solitario y pequeñito, y aquí no soy la supereditora segura de sí misma (que nunca fui en realidad), aquí me quito trajes y máscaras, e intento empezar de nuevo, con nuevas cicatrices, viejos miedos, un tanto más de soledad y un mucho más de vida. No seré débil haciéndome la fuerte, ni me agarraré a mi debilidad escapando de todo. Como dice cualquier primer post de wordpress: Hola mundo.