El salvavidas

EL SALVAVIDAS
(Javier Velaza)

No es inútil amarse,
finalmente.
Lo mismo que amaestrar serpientes, nos exige
técnica refinada y perder la vergüenza
de actuar frente al mundo en taparrabos.
Y unos nervios de acero.
Pero amar es oficio
saludable también: su liturgia apacigua
el ocio que enajena -como supo Catulo-
y perdió a las ciudades más felices.
Bajo la cuerda floja dispone -no pidáis
una red, porque tal no es posible- otra cuerda,
tan floja, pero última
tan inútil a veces,
bajo la cual no hay nada.
Y entreabre
ventanas que te oreen la cólera y exhiban
a tu noche otras noches diferentes, y así
sólo el amor nos salva a fin de cuentas
del peligro peor que se conoce:
ser sólo -y nada más- nosotros mismos.
Por eso,
ahora que está ya dicho todo y tengo
un sitio en el país de la blasfemia,
ahora que este dolor de hacer palabra
con el propio dolor
traspasa los umbrales
del miedo,
necesito de tu amor como analgésico;
que vengas con tus besos de morfina a sedarme,
y rodees mi talle con tus brazos
haciendo un salvavidas, para impedir que me hunda
la plomada letal de la tristeza;
que me pongas vestidos de esperanza -ya casi
no recordaba una palabra así-,
aunque me queden grandes como a un niño
la camisa más grande de su padre;
que administres mi olvido y el don de la inconsciencia;
que me albergues de mí -mi enemigo peor
y más tenaz-, que me hagas un socaire,
aunque sea mentira
-porque todos es mentira
y la tuya es piadosa-;
que me tapes los ojos
y digas ya pasó, ya pasó, ya pasó
-aunque nada se pase, porque nada se pasa-,
ya pasó,
ya pasó,
ya pasó,
ya pasó.
Y si nada nos libra de la muerte,
al menos que el amor nos salve de la vida.

* Lo mejor de mi paso por Filología Hispánica en la UB fueron sin duda las clases con Javier Velaza, de quien sólo supe mucho tiempo después que era poeta y que escribía cosas como el poema de ahí arriba. Mi examen final fue algo completamente inusual: no contesté a ni una sola de las preguntas que hacía, y terminé con un “llevo más de tres horas escribiendo sobre ya no sé ni qué, me duelen las muelas, las manos y quiero irme a mi casa ya”, y sin embargo Velaza me puso un “excelente” de nota, así que eso deja claro el tipo de personaje que es. No recomendado, eso sí, para quienes les gusta tomar apuntes y que las clases tengan un orden lógico y no estén llena de batallitas y reflexiones personales.

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