Archive for the ‘referencias literarias’ Category

Vivir un año

enero 7, 2007

Queda menos de un mes para cumplir un año más. Releo a Ángel González y subrayo estos versos:

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho

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Cristina Cos

diciembre 20, 2006

Cristina Cos es una de esas personas que he tenido la suerte de conocer gracias a la revista. Nos conocimos en la facultad de Filología, en Barcelona. Me había oído hablar de la revista con otra chica y se acercó de manera espontánea para preguntar. Me gustó mucho ese gesto, una desconocida que se acerca, te habla y con la que conectas de inmediato. Hace ya unos años de eso. Hemos tenido épocas de vernos mucho, y otras de no coincidir nunca, pero sé que siempre está ahí. A veces pienso que si escribo una novela, será a cuatro manos con ella. Estaba organizando hoy unos papeles cuando he encontrado unos poemas que me envió hace un tiempo. No me resisto a mostrarlos aquí:

La historia comienza ahora

I

pensé que
es posible que nunca
sepamos una
verdad a ciencia cierta
que traduzca el sinsentido cotidiano y nos
enfrente
al recuerdo de nosotros mismos
absurdo tomo de vida
paso firme de la muerte

II

es posible que sobrevivamos
a todas y cada una
de las otras cosas
que aún guardamos
envueltas y jamás
nos decimos

que pretendemos ocultar
y escapan
de los espacios entre
las palabras

III

al fin y al cabo, sólo se está
revelando aquí
mientras te observo leer
que no sé si alguna noche
descubriremos la piel
pero es un aunténtico placer
conocerte.

La siguiente barrida

septiembre 3, 2006

– Ves Momo -le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que crees que nunca podrás acabarla.

Miró un rato en silencio a su alrededor, entonces siguió:

– Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista ves que la calle no se hace más corta y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento, y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.

Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:

– Nunca se ha de pensar en toda la calle a la vez, ¿entiendes?
Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:

– Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.

Después de una nueva y larga interrupción siguió:

– De repente uno se da cuenta de que paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido y no se está sin aliento.

Michael Ende, en Momo

El salvavidas

agosto 18, 2006

EL SALVAVIDAS
(Javier Velaza)

No es inútil amarse,
finalmente.
Lo mismo que amaestrar serpientes, nos exige
técnica refinada y perder la vergüenza
de actuar frente al mundo en taparrabos.
Y unos nervios de acero.
Pero amar es oficio
saludable también: su liturgia apacigua
el ocio que enajena -como supo Catulo-
y perdió a las ciudades más felices.
Bajo la cuerda floja dispone -no pidáis
una red, porque tal no es posible- otra cuerda,
tan floja, pero última
tan inútil a veces,
bajo la cual no hay nada.
Y entreabre
ventanas que te oreen la cólera y exhiban
a tu noche otras noches diferentes, y así
sólo el amor nos salva a fin de cuentas
del peligro peor que se conoce:
ser sólo -y nada más- nosotros mismos.
Por eso,
ahora que está ya dicho todo y tengo
un sitio en el país de la blasfemia,
ahora que este dolor de hacer palabra
con el propio dolor
traspasa los umbrales
del miedo,
necesito de tu amor como analgésico;
que vengas con tus besos de morfina a sedarme,
y rodees mi talle con tus brazos
haciendo un salvavidas, para impedir que me hunda
la plomada letal de la tristeza;
que me pongas vestidos de esperanza -ya casi
no recordaba una palabra así-,
aunque me queden grandes como a un niño
la camisa más grande de su padre;
que administres mi olvido y el don de la inconsciencia;
que me albergues de mí -mi enemigo peor
y más tenaz-, que me hagas un socaire,
aunque sea mentira
-porque todos es mentira
y la tuya es piadosa-;
que me tapes los ojos
y digas ya pasó, ya pasó, ya pasó
-aunque nada se pase, porque nada se pasa-,
ya pasó,
ya pasó,
ya pasó,
ya pasó.
Y si nada nos libra de la muerte,
al menos que el amor nos salve de la vida.

* Lo mejor de mi paso por Filología Hispánica en la UB fueron sin duda las clases con Javier Velaza, de quien sólo supe mucho tiempo después que era poeta y que escribía cosas como el poema de ahí arriba. Mi examen final fue algo completamente inusual: no contesté a ni una sola de las preguntas que hacía, y terminé con un “llevo más de tres horas escribiendo sobre ya no sé ni qué, me duelen las muelas, las manos y quiero irme a mi casa ya”, y sin embargo Velaza me puso un “excelente” de nota, así que eso deja claro el tipo de personaje que es. No recomendado, eso sí, para quienes les gusta tomar apuntes y que las clases tengan un orden lógico y no estén llena de batallitas y reflexiones personales.

Contra toda esperanza

agosto 18, 2006

CONTRA TODA ESPERANZA
(Gioconda Belli)

En estos días
en que el mundo temiendo la entropía
se dobla sobre sí mismo,
es cada vez más ardua la tarea
de pregonar anuncios optimistas.

No hay evidencias que soporten
la esperanza de vientos
enrrumbándonos hacia ignotos continentes plenos de verdor
o de palabras que acierten y nos expliquen los mutuos agravios.
Al contrario: el tiempo acumula pruebas contra las posibilidades del equilibrio.

Hay cientos de seres pereciendo
mientras otros asisten impávidos a sus agonías
-espectadores en mullidas butacas
pulsando botones-
Una sociedad de voyeaurs
bendice su abundancia.
-Los muchachitos en el centro comercial
disparan y acumulan puntos destruyendo enemigos imaginarios.
Técnicas sofisticadas recrean masacres en salas de cine
de innumerables pantallas.-

En medio de la avidez
hombres y mujeres resuelven la certidumbre de su muerte inevitable
dando la espalda al destino común,
aferrándose a una minúscula y transitoria felicidad.

Llueven los hombrecitos con los paraguas, como en el cuadro de Magritte.
Cada quien tapándose como puede del sol abrasador
Cada quien imaginando que sobrevive
y que está de más soñar en voz alta.

Poeta dentro de mi soledad. Testiga de este mundo soez, me arrastro
con mis alas pesadas hacia la cumbre desde donde me lanzaré
como Icaro, una y otra vez,
porque quizás
porque tal vez
porque no me resigno.